miércoles, 16 de mayo de 2018

Resurrecciones resucitadas


Dilectos lectores, sigo más atocinado que un elefante después de zamparse 450 kilos de forraje y dormir la siesta a pleno sol en la sabana. Sí, llevo ya la torta de días con el cerebro más vacuo que el sentido de la decencia de un político, pero ya saben que no es la primera vez que me invaden estos ataques de molicie y me temo que tampoco será esta la última. En cualquier caso, y como testimonio de que sigo vivo y coleando, ahí dejo las resurrecciones que en su día se publicaron, desaparecieron inexplicablemente y, afortunadamente, han sido recuperadas en las entrañas procelosas de un disco externo. Ya sé que no es algo especialmente enjundioso, pero es que estoy hasta el gorro de ver a diario la jeta afeitada del ciudadano Adolf con traje de Armani, qué carajo. Bueno, ahí van y por orden cronológico...

El primer lugar se lo debemos otorgar a Gaio Mario, en amado enemigo de Lucio Cornelio Sila. La guerra civil que ambos desencadenaron fue el germen para la posterior creación del principado a pesar de la larga y vitalicia dictadura de Sila. Como ya sabemos, el ser tío político del gran Gaio Julio César hizo que el futuro amo del cotarro fuese señalado por el suspicaz e implacable dedo de Sila, por lo que acabó siendo un proscrito a pesar de pertenecer a la GENS de más alcurnia de Roma. En fin, ahí podemos ver el busto donde se hizo la resurrección por los métodos que ya se explicaron en la entrada dedicada a Marco Agripa. Por cierto, el Mario este era feo de cojones, ¿que no...?



Y a continuación, como no, el sobrino del tío, el inmortal César. Por cierto que, si mal no recuerdo, hace tres o cuatro años salió una noticia curiosa en la que se afirmaba que un busto hallado en no sé qué sitio de Italia se consideró como la verdadera jeta del insigne dictador y que, por cierto, no se asemejaba en nada al sujeto de elegantes rasgos que siempre hemos visto. Más bien parecía un cuñado a punto de dar un sablazo, y las conclusiones en las que se basaron para afirmar con tanta contundencia la autenticidad de la pieza se me antojaron puro sensacionalismo. Sea como fuere, me quedo con el que muestro a continuación, que al menos casa más con las descripciones que nos han llegado sobre este personaje. Por cierto que le he regalado un poco de pelo ya que llevaba fatal su temprana alopecia, que como sabemos le llevó incluso a lograr que el senado le concediera el privilegio de llevar siempre en la cabeza una corona de laurel para disimular su escasez capilar.


Por supuesto, se trasplantó la cabeza a un cuerpo de "persona humana" para darle más verosimilitud a la cosa y podernos hacer una idea más aproximada de cómo debió ser el aspecto en vida de nuestro hombre, cuando andaba a la gresca con su amigo-enemigo-yerno Gneo Pompeyo. Queda chula, ¿verdad?



Y al amigo-enemigo-suegro debe acompañarle el amigo-enemigo yerno, uséase, Gneo Pompeyo Magno, que a pesar de sus orígenes plebeyos no dudó en alinearse con los OPTIMATES, quizás por aquello de ennoblecerse y tapar así que ni siquiera había nacido en Roma. Obviamente, sería el culmen de su prometedora carrera militar y complemento de su fortuna personal heredada de su progenitor y aumentada por él mismo, que ya sabemos que en río revuelto siempre hay ganancia de pescadores. Helo ahí, con su cabezón un tanto desproporcionado y de rasgos vulgares, totalmente opuestos a los de su amigo-enemigo-suegro.


Y en la siguiente imagen lo podemos ver, al igual que los anteriores, en su salsa, es decir, en un campamento del ejército y vitoreado por sus fieles legiones. Es posible que un rato antes hubiese anunciado uno de los generosos donativos con que los militares romanos se ganaban la lealtad de las tropas, especialmente proclives a entregar o negar su afecto a cambio de unos sestercios.


Y concluimos con el inefable Marco Tulio Cicerón, pico de oro donde los hubiere pero cuyas eternas dudas a la hora de elegir bando le acabaron costando la vida de forma muy desagradable. El que fuera amigo y principal pelota de Gaio Julio César acabó haciendo arrumacos a los enemigos del dictador, y tras el asesinato de este acabó pagando caro su chaqueteo porque Marco Antonio jamás se lo perdonó. En su momento ya publicamos un artículo sobre su ominosa muerte en plena huida de la purga que desencadenó el desmedido Antonio contra los enemigos de su protector y patrón.


Lógicamente, a este ciudadano no podemos ubicarlo en una ambientación militar, así que lo hemos trasplantado al senado, donde desplegaba su inigualable verborrea. La verdad es que, a pesar de su falta de decisión o de coraje, un personaje tan notable no mereció el final que tuvo.


Bueno, mi sesera no da hoy para más, criaturas. Elevaré algunas preces al Olimpo de las musas a ver si la mía deja de golfear por ahí y retorna al seno patriarcal. 

Hale, he dicho

martes, 1 de mayo de 2018

Añejos memes modernizados


Bien, prosigamos con los trapicheos fotochoperos. En este caso se trataba de "remasterizar" a determinados personajes muy conocidos pero que, adecuadamente retocados, posiblemente nos cruzaríamos con ellos por la calle y no los reconoceríamos. Y es que, en realidad, no solemos observar los rasgos de las personas, sino el conjunto, y dentro del mismo determinados detalles que los diferencian claramente del resto: corte de pelo o peinado, forma del bigote y/o la barba, la indumentaria... pero si les privamos de estos elementos diferenciadores podríamos decir que pierden su personalidad y pasan a convertirse en ciudadanos corrientes y molientes. En los casos que veremos a continuación quedará patente lo dicho tanto en cuanto son archifamosos, pero puede que nos sorprendamos si los tratamos para reciclarlos en sujetos normales. Veamos pues...


Si hay alguien fácilmente reconocible hasta para los lamas del Tibet es el ciudadano Adolf. Aunque hay muchas fotos en las que aparece de paisano, la imagen que tenemos de él es vestido de uniforme, y sus dos rasgos principales son su bigote y el peinado, con ese peculiar flequillo planchado hacia el lado izquierdo de la cabeza. Era algo tan característico que cualquiera que se ponga un bigote postizo igual y se peine de la misma forma automáticamente toma un parecido asombroso. De hecho, actores que lo han interpretado como Alec Guinness o Bruno Ganz no se parecen en realidad en nada, pero bastó una sesión de maquillaje para hacer sendos clones del extinto führer. Pero si cogemos al ciudadano Adolf y le quitamos su uniforme pardo, su bigote y lo mandamos a un estilista a que le cambie el "look" capilar, nos encontramos con un sujeto que podría ser el director de la sucursal bancaria que frecuentamos, el jefe de personal de nuestra empresa o incluso un concesionario de la Volkswagen. A la derecha lo podemos ver desprovisto de sus "atributos" más característicos y, como salta a la vista, resulta que el diabólico y vilipendiado führer parece un señor similar a los tropocientos que uno ve a diario, y que no llama la atención en nada. Es uno más. Un simple cuarentón bien trajeado de rasgos afables muy alejado del perverso genocida que cualquiera identificaría en la foto de la izquierda. Veamos otro...


Quién no ha visto tropocientas veces esa foto del siniestro jefe del RSHA, el SS-Obergruppenführer Reinhard Heydrich, alter ego de Himmler y serio aspirante a suceder al ciudadano Adolf si no lo hubiesen apiolado bonitamente en Praga. Hay pocas fotos suyas de paisano, y solo con su familia en plan papi bondadoso como si la paz reinase en el mundo en compañía de su mujer Lina, que lo idolatraba literalmente como ya narramos en su momento. Pero aparte de esas escasas imágenes de civil, siempre vemos al cruel Reinhard con su impecable uniforme de las SS concienzudamente cortado para disimular que era muy ancho de caderas y su característico corte de pelo según la moda militar alemana. En la foto de la izquierda tendría treinta y pocos años, pero su atuendo lo avejenta ciertamente. En el reciclado que hemos hecho a la derecha se usó la cabeza de esa misma foto, pero colocándole un corte de pelo acorde a nuestros días y, por supuesto, el cuerpo de un hombre de su edad pero vestido en plan informal. Y, como en el caso del ciudadano Adolf, en esa foto ya no reconoceríamos tan fácilmente al "Carnicero de Praga", y podría pasar por un joven profesional esperando a su novieta para irse de copas un sábado cualquiera. Podría ser cualquier cosa antes que un frío y calculador policía, desde el dueño de una tienda de artículos de surf a un médico que acaba de terminar la especialidad. Y todo por cambiarle el pelo y la indumentaria.


No podía faltar el inefable Heini para completar el trío. En este caso tenemos como distintivos principales, además del uniforme, el bigote, el corte de pelo y los quevedos redondos de oro, un tipo de gafas muy anticuadas incluso en esa época que carecían de patillas, y se sujetaban a la nariz por la presión que ejercía el puente. Himmler palmó con apenas 44 años y, como sus colegas, aparentaba más edad de la que tenía gracias a esa severa impronta militar. Así pues, le quitamos el bigotillo, mandamos a paseo los quevedos y le dejamos crecer un poco el pelo para tener un gafapastas de lo más moderno. La cabeza de ambas fotos también es la misma, pero el cambio experimentado es notable. En este caso, nuestro hombre pasaría por un profesor de instituto de esos guays que se enrollan con sus alumnos para sacarles provecho, o incluso un escritor de moda. Cualquier cosa menos el perverso articulador de la "solución final".

Sí, puede que alguno me diga que los personajes mostrados tenían rasgos tan característicos que bastaría con ocultarlos para dar forma a personas totalmente distintas, así que pondremos un último ejemplo de otro probo ciudadano, también bastante famoso, que pasaría aún más desapercibido si le damos el tratamiento adecuado y, per se, no tenía ni bigotes ni gafas peculiares. Helo ahí:


¿Quién diría que ese guaperas vestido en plan pijo-sport con peluco de los buenos es el heroico rittmeister Manfred Albrecht, freiherr Von Richthofen. El sujeto de la foto es a todas luces un ejecutivo de esos que con 25 tacos ganan pasta a mansalva, practican el esquí y la vela y, por supuesto, sale en todas las revistas del hígado rodeado de reales hembras. Ha bastado con quitarle el uniforme y dejarle crecer el pelo para rejuvenecerlo cien años y darle la apariencia de un hombre del siglo XXI. Siempre he dado por cierto, y en su día incluso publiqué una entrada al respecto, que los que nos precedieron no tenían "caras de antiguos" como solemos decir. En realidad, lo que les hacía parecer diferentes era la ropa y los peinados, que daban a sus rostros un aspecto diferente cuando la verdad es que eran exactamente iguales a nosotros.
En fin, con estos añejos memes modernizados vale por hoy. Como "photo finish" dejo un arreglillo de Richthofen consistente en colorear una de sus más conocidas imágenes para que podamos ver cómo sería su aspecto real en vida fuera de la habitual máscara monocromática de la época.

Ya seguiremos. Recuerdos de la musa. 

Hale, he dicho



viernes, 27 de abril de 2018

Añejos memes añejos


Sí, una vez más la musa ha vuelto a largarse sin dignarse siquiera pedirme unos días de asuntos propios. Los que llevan tiempo siguiéndome ya saben que, de higos a brevas, esa depravada criatura que ilumina mi sesera decide de forma unilateral, término este tan de moda y que abomino profundamente, abandonarme sine die. La verdad es que me tiene un poco hastiado de sus repentinas deserciones, pero no le pido el divorcio porque, de ser así, a ver quién leches me inspira. En todo caso, y como le comentaba a un amable lector que se preocupaba por el parón bloguero, aprovecho estos recesos para ordenar un poco la infinidad de cosas que tengo guardadas en los discos externos y que, como ha ocurrido con las entradas dedicadas al cine histórico, aparecen cuando creía que ya eran historia. Y mira por donde he encontrado unos apañillos fotochoperos que en su día creo que publiqué y que me deleitaron en grado sumo. Serían eso que se conoce como "meme", palabro que, aunque alguno no se lo crea, hasta el día de hoy no sabía exactamente qué significaba así que lo he buscado en a red y esto es lo que dice al respecto la Wikipedia esa. Cito:

"El término meme de Internet se usa para describir una idea, concepto, situación, expresión y/o pensamiento, manifestado en cualquier tipo de medio virtual, cómic, vídeo, audio, textos, imágenes y todo tipo de construcción multimedia que se replica mediante internet de persona a persona hasta alcanzar una amplia difusión" 

Fin de la cita. Bien,  pues los mentados apañillos fotográficos son memes de esos que hice acerca de temas de actualidad. Actualidad de hace tiempo, claro, porque alguno de los protagonistas de los mismos que verán a continuación ya ni siquiera está en el mundo de los vivos porque estiraró la pata. En todo caso, y a pesar de que algunos ya serían obsoletos, otros aún siguen en la brecha porque sus desmanes parecen no tener fin. Obviamente son todos políticos o gente relacionada con la política, ese oficio abyecto propio de malsines, aprovechados, descuideros, cortabolsas, robacapas y demás fauna de patio de Monipodio que, a lo que se ve, a pesar de que la justicia a dado más de un escarmiento, ellos siguen erre que erre dando por sentado que sus fechorías y su insaciable voracidad quedarán impunes. En fin, no me enrollo más. Ahí les dejo esos añejos memes añejos para que, al menos, cuando entren a ver si se ha publicado algo nuevo no se vayan de vacío. Espero que les resulten razonablemente divertidos.

- Tengo una oferta de preferentes que no podrá rechazar,
mi querido amigo...
Ahí tenemos al primero, el ciudadano Miguel Blesa que, tras trincar bonitamente todo lo que pudo y más, se largó de este mundo sin dar satisfacción a la justicia ni a los que perjudicó. Su partida del Más Acá al Más Allá fue a consecuencia de una autolisis llevada a cabo en julio del pasado año mediante un disparo de escopeta en la caja del pecho, y como no dejó ninguna carta de despedida no sabremos jamás si su auto-asesinato se debió al cargo de conciencia que le produjo su latrocinio- cosa que dudo porque sus actos fueron propios de alguien con un elevado déficit de ética-, o fue simplemente ante la inapelable perspectiva de ir a dar con su osamenta al trullo. En fin, uno de tantos pillastres que se enriqueció a costa de dejar a muchos pequeños ahorradores más tiesos que la mojama. ¿Por qué no robarán a los ricos en vez de a los pobres? Así podrían robar más, digo yo... Aparte de eso, no creo que haga falta detallar de donde procede el cuerpo sobre el que reposa la testa del extinto financiero trincón.

Otro que tal baila. El ciudadano Luis Bárcenas, apodado "el Fuerte" en algunos círculos políticos, un verdadero mago de los trapicheos que va ya para diez años la duración del proceso que se le incoó por estar hasta las cejas de porquería. Lo tuvieron una temporada a buen recaudo por si le daba por tomar las de Villadiego como mi musa, pero luego lo dejaron salir a cambio de una suntuosa fianza. Francamente, no comprendo como una causa judicial puede durar dos lustros y lo que te rondaré morena, dando así ocasión a que la Parca haga acto de presencia y se lleve a los procesados sin que los que nos quedamos en este valle de lágrimas tengamos al menos la satisfacción de verlos entrar en chirona. En este caso, tampoco creo que se les haya pasado por alto a vuecedes de donde saqué el cuerpo y el ambiente sobre el que coloqué la jeta de nuestro personaje. Por cierto que este meme me dio bastante trabajo aunque no lo parezca ya que hubo que darle al rostro el mismo sombreado que al personaje real, sumido en una siniestra penumbra con fuertes contrastes.

- ¡É que ere gilipoya der tó! ¿Tú pa qué tié que desí ná, so carahote?
- É que me dijeron que querían sabé la medía de su pehcueso pa regalarle una
corbata a juego, joé...
Ahí podemos ver a su conmilitón, el ciudadano Camps echando una bronca monumental a su sastre por boquiflojo. Este personaje se ha visto involucrado en tal cantidad de historias truculentas que, la verdad, ser procesado por haberse dejado untar con unos trajes me parece una chorrada. Además, no acabo de entender como un tipo que ganaba lo que ganaba necesitaba que le regalaran trajes, las cosas como son. Otra historia son sus otros trapicheos que aún siguen de actualidad, pero me temo que aún pasará mucho tiempo antes de ver la conclusión judicial de los mismos. La verdad es que no sigo el proceso porque me aburren sobremanera estos culebrones, pero tengo entendido que hasta sacó pasta de una visita de un papa, no recuerdo cual. ¿Cómo leches se podrá sacar dinero de eso? Ah, misterios divinos... Y como en el caso anterior, sombrear el careto de Camps también tuvo su morbo, pero quedó de lujo, ¿que no?


-¡Grasia, grasia, don José! ¡No sabe uhté er favó que ma'caba de jasé, que no sabía como poné en la calle a loh dosiento
sincuenta pringao que tengo en plantilla! ¡Y grasia por habé colocao a mi cuñao de farero en lah Chafarinah!
-No me tié que agradesé ná, miarma, con loh maletine que m'há mandao vale. Y para ya, que m'etá llenando de baba, coño

Este también sigue en la brecha ahora que, por fin, está siendo procesado. Naturalmente, el ciudadano José Antonio Griñán, ex-reyezuelo de la taifa andaluza, no sabe nada, no recuerda nada y no entiende nada. Se limita a repetir que su gestión fue impecable, que en todo momento actuó por el bien de los ciudadanos de su taifa, y que aunque los que robaron a calzón quitado dependían de él no podía controlar a tanto chorizo, así que la culpa será de otro. Ahí le tenemos, recibiendo la pleitesía del agraciado por el enésimo ERE que acaba de solucionarle la vida para siete generaciones cuñados incluidos. Al igual que las imágenes anteriores, la procedencia de esta tampoco requiere explicaciones, supongo...


Naturalmente, no podía faltar su predecesor, el ciudadano Manuel Cháves, Sátrapa Mayor de la Andalucía con el que empezó una laaaarga y tortuosa historia de mangoneos caciquiles que, en sujetos que alardean de preocuparse por el bienestar de sus vasallos, no dejan de resultar contradictorios. Por supuesto, el eximio Cháves también está aquejado de un ataque de amnesia, no recuerda nada, no sabe nada, no entiende nada, y no se explica como mogollón de funcionarios puestos por él en sus cargos han podido robar tanto, pero es que además tampoco se acuerda de haberlos colocado él mismo. En cualquier caso, en el meme lo vemos paseando por Sierpes un sábado a mediodía camino del Alfonso XIII para el aperitivo mientras recibe los parabienes de los agraciados por sus favores, también en forma de ERE's. Por cierto, ¿no les recuerda a Don Fanucci mientras deambulaba por las calles de la Pequeña Italia en Nueva York?

-Qué delisia, cohone... Sangre con sabó a billete de quinientoh pavo... Qué
buqué, que aroma... Sssllluuurrrpppppssssss... 
No me digan que el probo Cristóbal no tiene un inquietante parecido con Max Schreck, el enigmático actor que interpretó magistralmente al siniestro conde Orlok y que dejaba al personal sin un puñetero hematí en el cuerpo del mismo modo que el incombustible ministro nos deja con las faltriqueras llenas de aire, y a veces ni eso. Por cierto, y aunque no tenga nada que ver: ¿saben que schreck en alemán significa susto? Curioso, ¿no? Bien, la cosa es que es justo reconocer que, desde los tiempos más remotos, los funcionarios designados para recaudar los impuestos han caído fatal, desde los publicanos de Roma a los actuales superministros de Economía pasando por el sheriff de Nottingham, y aún más por su inagotable capacidad para idear nuevos e ingeniosos métodos con que exprimir al personal en forma de alcábalas, sisas, diezmos, quintos reales, almojarifazgos, portazgos, pontazgos, fielatos, etc., etc., etc..............

-¡Hohtia, m'han pillao! ¡Como me vea mi cuñao me fohtia vivo!
-¿Te queda mucho, Iñaki, amor mío?
-¡No, ya acabo, miarma. He convensío a ehte señó tan amable pa que me dé sinco pavo máh por'er reló.

Y para terminar, que no es plan de gastar todos los memes disponibles de golpe por si la musa se retrasa más de la cuenta, ahí tenemos al yernísimo, el inefable ciudadano Urdangarín cuando una cámara de seguridad de una casa de empeños lo pilló in fraganti mientras persuadía al dueño de que le diera más pasta por el peluco del abuelo para pagarse más abogados que le permitieran alargar hasta el infinito y más allá el cumplimiento de la sentencia que pende sobre su persona. Este personaje sigue en la brecha, y más en estos días en que, según se dice, el Tribunal Supremo dictará por fin el resultado de la apelación que puede alargarle la condena hasta los 10 años nada menos. Y la verdad es que se lo merece. Y no ya por haber trincado, que es un buen motivo, sino por cretino. Porque hay que ser muy, pero que muy cretino para dar un braguetazo de antología matrimoniando nada menos que con una infanta de España y, por ende, ser yerno y cuñado de monarcas, para meterse en negocios turbios. Ere mú tonto, Innasio. Pero que mú tonto, miarma...

Bueno, vale de momento. Espero que estas chorraditas fotochoperas les haya deleitado o, al menos, arrancado una leve sonrisa por la comisura derecha del labio. Por cierto, supongo que esto no infringe la famosa "ley mordaza" esa, ¿no? A ver si me van a chapar el blog, que meterse con los políticos suele estar bastante perseguido, creo...

Hale, he dicho

POST SCRIPTVM: Como mis lectores habituales ya saben, nunca hablo de política. Así pues, ruego que si alguien hace comentarios acerca de esta entrada sean en plan jocoso, divertido y/o ingenioso, porque los que contengan insultos, tonos desabridos o denoten tendenciosidad política de cualquier signo no será publicados. Una cosa es el cachondeo y el chiste sanos y otra que salgan a relucir las paranoias ideológicas del personal, que para eso hay infinidad de sitios donde desfogarse. DIXIT EST


domingo, 15 de abril de 2018

Cine histórico: EL OFICIO DE LAS ARMAS




Esta película creo que ha pasado bastante desapercibida para la mayoría del público. Se trata de una producción italiana dirigida en 2001 por Ermanno Olmi que, las cosas como son, ha cuidado bastante el rigor histórico, el atrezzo, la ambientación y, especialmente, los diálogos, a los que se les ha dado un vocabulario que recrea bastante acertadamente la forma de hablar de la época. Se hace un poco lenta en algunos momentos y, más que una película bélica, diría que pretende más bien hacer un retrato de una época en que los fieros guerreros medievales quedaron relegados ante los avances de las nuevas armas durante el Renacimiento. Básicamente, narra el avance de las tropas imperiales al mando de Georg von Frundsberg hacia el interior de Italia, y los intentos por parte de Giovanni de Médicis, condottiero al servicio del papa, por detenerlos. 

La fotografía se me antoja impecable, con escenas muy cuidadas que parecen sacadas de un cuadro de Giotto o Ucello

Pero a pesar de su esmerada producción, tiene una serie de pequeños errores que, en mi inveterada manía por el perfeccionismo, quisiera hacer constar. Vamos a ello...

Los personajes principales 

Giovanni de Médicis, también conocido como della Bande Nere a raíz de portar en su insignia una banda negra en señal de luto tras la muerte del papa León X, pariente suyo. Es de los personajes mejor retratado en la película (incluso el actor que lo representa, Hristo Jivkov, tiene bastante parecido con el personaje real). Desde muy joven mostró un temperamento fiero y desmedido, hasta el extremo de que Maquiavelo lo describió como el único capaz de detener a Carlos I de España en sus deseos de apoderarse de Italia. Su muerte, producida por una gangrena gaseosa a raíz de una herida recibida en una pierna por un disparo de falconete, no fue al parecer tan serena como muestra la película, en la que lo veremos con el rostro impasible sujetando él mismo un candelabro para dar luz al cirujano mientras éste el amputa la pierna. Por el contrario, según su íntimo amigo Pietro Aretino, que estaba presente, hicieron falta diez hombres para sujetarlo. La gangrena gaseosa, muy habitual en las heridas de guerra, es un proceso increíblemente rápido que se presenta en dos o tres días, produciendo una septicemia mortal si no se trata rápidamente. A nuestro hombre tardó seis días en llevárselo por delante. Murió con 28 años, edad que se asimila bastante a la apariencia del actor que lo representa.

Pietro Aretino, ilustre poeta lujurioso y muy amigo de Médicis, estuvo a su servicio hasta 1523, o sea, que no pinta nada haciendo compañía y como amanuense al fiero condottiero en sus andanzas. En la época en que transcurre la acción, Aretino tenía sólo 34 años, lo que se aleja bastante del aspecto que ofrece el actor que lo representa. Llevó una vida bastante agitada el hombre, a saltos entre Roma y Venecia por sus desavenencias con el papa. Murió en 1556, con 58 años, una edad que para aquellos tiempos no se podía considerar palmarla joven con la vida tan desordenada que llevaban estos probos renacentistas y más este, que con tanto fornicio tendría en las partes pudendas más millones de gonococos que pelos en la pelliza que viste. En cualquier caso, no deja de resultar un poco chocante que en una película tan cuidada hayan incluido a un personaje histórico cuya vida se conoce sobradamente, por lo que rechina que lo incluyeran en la misma.

Todo lo contrario ocurre con Federico de Gonzaga, marqués de Mantua. Sergio Grammatico, el actor que los representa, no solo tiene un parecido asombroso al real, sino que hasta le buscaron un chucho faldero similar al que aparece en el retrato que le hizo Tiziano, de quien fue mecenas y protector por ser, como buen producto de su época, un afanoso apasionado de las artes. En lo tocante a sus actos de gobierno, este lo tuvo claro: desde el primer momento se puso de parte del emperador, que era el que cortaba el bacalao, dándole varias higas tanto los cabreos del Médicis como el papa. Su fidelidad a Carlos I le valió engrandecer el rango de su título al de ducado, siendo así el primer duque de Mantua. No pasó de los 40 años a causa de un sifilazo de garabatillo, lo que no le impidió engendrar nada menos de siete retoños a su mujer, Margarita Paleólogo, marquesa de Monferrato y perteneciente a la casa imperial bizantina. En fin, que no perdió el tiempo.

Georg von Frundsberg, que en la película conduce un ejército camino de Roma para unirse a la hueste imperial y a quien intenta cortar el paso, sin éxito, Giovanni de Médicis. Se trataba de un noble alemán fidelísimo a la persona de Carlos I hasta el extremo de que el ejército de 18.000 lansquenetes con que cruzó los Alpes para internarse en Italia lo pagó de su bolsillo, vendiendo y pignorando sus bienes y hasta las joyas de su mujer. En la época de la acción tenía 53 años. Su indumentaria no casa con la que suele mostrar en los retratos que hay de este personaje, tocado siempre con un yelmo parecido a una galea romana en vez de con un morrión, y con una banda roja cruzándole el pecho como distintivo de su lealtad a la corona. Lo más significativo, ya que no abre el pico en toda la película, es el cordón dorado que porta en la silla de montar para ahorcar al papa si lograba echarle el guante. Al parecer, con lo que intentaría finiquitar al pontífice era con una cadena de oro que siempre llevaba al cuello, si bien parece ser que esto es más bien una leyenda. A mi modo de ver, un militar al servicio de un monarca notoriamente católico como Carlos I no cometería esa "falta de delicadeza" con su señor, a pesar de ser un fanático luterano. También parece ser que fue él mismo el que disparó el falconete que hirió a Médicis, acertándole al segundo disparo. Lo que no se menciona en la película es que fueron sus tropas, faltas de paga, las que se amotinaron al llegar a Roma, meses más tarde, dando lugar al tristemente célebre Saco de Roma, en 1527. Con la salud bastante quebrada, murió en 1528. Por cierto, el estandarte que porta el abanderado que se ve en la foto muestra fielmente el que realmente usaba este personaje. Ah, y una curiosidad más: la 10ª SS Panzerdivision, creada en 1943, fue bautizada como "Frundsberg" en honor a este personaje.
Alfonso d'Este, duque de Ferrara. En la película vemos a un astuto y taimado anciano que se muestra un tanto ambiguo a la hora de tomar partido. Sin embargo, no era tan anciano ni tan ambiguo ni tan calvo, ya que en esa época tenía 52 años solamente, bastante más pelo, y tomó parte activa en la expedición de Carlos I contra el papado poniéndose de parte del emperador, que para eso su madre era española, Leonor de Aragón. Lo que sí aparece en la película con bastante fidelidad es el préstamo que hace a von Frundsberg de dos (en la peli dicen que cuatro) falconetes, que por cierto le vinieron de perlas al tedesco porque su ejército iba totalmente desprovisto de artillería. Palmó en 1534 con 58 tacos, seis años más tarde del deceso del desmedido Médicis.

Las escenas de batalla, así como las marchas y la vida en los campamentos están muy bien ambientadas aunque no veremos
grandes movimientos de masas, supongo que por meras cuestiones de presupuesto. No obstante, las escaramuzas y los
breves pero intensos combates que presentan se llevan a cabo con bastante realismo.
En cuanto a las recreaciones de las cortes de los nobles italianos, el mobiliario y demás detalles, a mi modo de ver son francamente correctos, sin los artificios y lujos excesivos que se suelen mostrar y que nos hacen creer que los palacios renacentistas eran poco menos que sacados de "Las Mil y Una Noches". De hecho, en una escena la mujer de Médicis le escribe una carta solicitándole algo de dinero para poner reponer la ropa blanca de la casa. Los reyes y los papas, como ya sabemos, no eran especialmente puntuales a la hora de mandar el importe de las nóminas al personal.

Recreación de la morada de Giovanni de Médicis con los criados de la casa

Y algún gazapillo, que no se diga...

El falconete. La película muestra con gran detalle como extraen del molde la pieza recién fundida. Pero aparece con el ánima ya terminada, cuando en realidad éstas eran barrenadas posteriormente, ya que las piezas salían del molde completamente macizas. Se supone que cuando la sacan del molde lleva ya varias horas enfriándose, porque recién fundida no hay quien la toque y, menos aún, la intente cargar para dispararla. En cuanto a los proyectiles, nos muestran como los funden en plomo, cuando en realidad los fabricaban de hierro. Finalmente, el sofisticado sistema de bloqueo de la alcuza me da la impresión de que es muy posterior. En el siglo XVI, y durante mucho tiempo después, el bloqueo de la misma se realizaba con una cuña que pasaba de lado a lado la culata de la pieza. Con todo, las escenas de fundición y prueba del arma resultan bastante convincentes, las cosas como son.


En todo caso, en esta película se han molestado en no inventar más que lo imprescindible, que es bien poco, y más si la comparamos con otras tantas donde inventan y tergiversan hasta el infinito y más allá. Ah, lo olvidaba... Ahí tenemos un fotograma del falconete que hiere a Médicis en acción, el cual no se mueve ni un milímetro cuando es disparado. Podrían haberse simulado un poco de retroceso, digo yo...


En fin, es una película que, aunque puede que a algunos le resulte un poco lenta, a mi entender se trata de un producto más que digno, contando una historia verídica con bastante realismo y haciendo un fiel retrato tanto de los personajes como del ambiente político de la época en una Italia dividida en tropocientos estados donde la nobleza intentaba constantemente nadar y guardar la ropa para salir airosos de las disputas entre las grandes monarquías europeas, especialmente España y Francia, y del pontificado. Merece varios paquetes de palomitas, qué carajo. Ah, y no se la mencionen a sus cuñados, puede que aprendan algo útil y lo usen en su contra.

Bueno, me parece que no me he dejado nada atrás, y si me lo he dejado, pues ya lo contaré otro día. 

Hale, he dicho

Solo por su cuidada ambientación en lo tocante a la cosa militar ya merece la pena verla. Nada de armaduras de cuero
ni armamento anacrónico. Todo resulta bastante correcto, diferenciando incluso el tipo de armas usadas por los tedescos
y los italianos, lo que siempre es de agradecer. Incluso cuando entran en combate se cierran los visores de los yelmos en
vez de dejar el careto a la vista como vimos en "El Reino de los Cielos"

lunes, 9 de abril de 2018

Cine histórico: IRONCLAD


Bueno, dilectos lectores, prosigo re-editando las entradas sobre cine histórico felizmente rescatadas de las profundas y procelosas profundidades de un disco externo. Esta que va a leer a continuación fue la primera de la serie y se publicó en julio de 2011 (carajo, como pasa el tiempo, etc...). No he actualizado el texto que, lógicamente, se verá un poco desfasado por razones obvias. De hecho, esta película la vi en versión original, antes de que se estrenara en España, y de ahí poner su título real, "Ironclad". Los gazapos y errores históricos son clamorosos, pero es una buena peli para ponerse hasta las cejas de palomitas y zumo de cebada a -2º porque, las cosas como son, las escenas de masacres son muy buenas, con sangre de esa que salpica a la lente de la cámara y mucha víscera desparramada. En fin, una cinta de entretenimiento que no debemos tomar como histórica más que en el hecho de que transcurre durante el reinado del taimado Juan Sin Tierra. Bueno, ahí la tienen, juzguen vuecedes mismos. Ah, por cierto, se hizo posteriormente una segunda parte que intenté ver entera, pero a los diez minutos me sobrevinieron unas terribles arcadas ante la cutrez del producto, así que la mandé a paseo.

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No creo haber comentado anteriormente que me encanta el cine. Soy de esos especímenes capaces de pasar un domingo entero con el culo pegado a la butaca (del sofá, no del cine, establecimientos estos que no piso hace años y años porque me producen jaqueca) viendo pelis. Y, como ya podrá suponerse, siento especial predilección por el cine histórico. 

Se han hecho cientos de películas históricas, la mayoría, por desgracia, poco o nada fieles a la realidad en todos los aspectos. Sin embargo, hoy día parece que hay una nueva corriente que está por la labor de, "licencias históricas" aparte, contarnos lo que sucedió con más verosimilitud y con unos atrezzos más fieles a la realidad de la época. Hoy día vemos casi infantiles películas como "Ivanhoe" (1952), dirigida por Thorpe, o la inolvidable "Robin Hood" protagonizada por Errol Flynn en 1938, y bastante alejadas del como era en realidad aquella Europa oscura, dominada por la ignorancia, el miedo y la guerra. 

No voy a hacer críticas cinematográficas por dos motivos: uno, porque ya hay tropocientas páginas que se dedican a eso. Y dos, porque las críticas a nivel interpretativo siempre me han sido indiferentes. Una película puede gustar o no y punto, diga lo que diga el crítico de turno, generalmente untado por la productora. Películas que son verdaderos monumentos a la mentira histórica han sido récords de taquilla, y otras mucho más fieles a los hechos prácticamente han pasado desapercibidas. Por lo tanto, estas entradas irán destinadas a contrastar la fidelidad histórica y ambiental de determinadas películas, independientemente de que sus interpretaciones sean buenas o no.

Inicio pues esta serie de entradas con una peli que vi ayer en V.O. porque aún no está en la red doblada al español. Puede verse subtitulada, pero se ve que el políglota que lo hizo recurrió al Worldlingo sin más. Se trata, como indico en el título de la entrada, de "Ironclad", que puede traducirse como Ropa de hierro. Alguien la ha rebautizado como "Templario" al español, no sé por qué, siguiendo la inveterada costumbre de cambiar los títulos originales por otros que no tienen nada que ver. 

El subtítulo ya nos indica que no se han cortado un pelo a la hora de hacer gasto en plasma sanguíneo: Blood will run (Va a correr la sangre). Y, ciertamente, corre en abundancia. En esta cinta no veremos espadas salir del cuerpo del enemigo limpias de hematíes. De hecho, sus escenas son de una crudeza poco o nada vistas hasta ahora en este tipo de películas. Me recordaron a las cruentas imágenes de la Biblia Maciejowski, en la que deben haberse inspirado a base de bien (en los créditos iniciales aparecen varias ilustraciones de dicha obra), con miembros cortados y hombres partidos en dos de un espadazo. De hecho, hasta aparece un tipo de chafarote que solo conocemos por la biblia en cuestión.

La película narra el asedio sufrido por el castillo de Rochester, en Kent, a manos del ejército de Juan I de Inglaterra, más conocido como Juan Sin Tierra, proverbial malvado en todas y cada una de las películas en las que aparece este personaje. Este asedio tuvo lugar en 1215 como consecuencia de la revuelta de los barones contra este monarca que, cabreado el hombre al ver cercenados muchos de sus regios privilegios por la firma de la Carta Magna, se empeñó en meterlos en cintura. La fidelidad histórica es bastante aceptable salvo en algunos episodios que luego detallaré pero, si algo me sorprendió de esta película, fue el minucioso seguimiento que han hecho del asedio, en algunos casos llegando a detalles sorprendentes si tenemos en cuenta que los guionistas suelen reescribir la historia como les da la gana para "mejorar" el relato con meros fines mercantilistas. 

Salvo en la forma "abreviada" de contarlo, ya que el asedio duró siete semanas, cada episodio del mismo está bastante bien reflejado. Se usaron cinco ingenios, si bien en la cinta aparecen solo cuatro: tres fundíbulos y una torre de asalto. Se minó la torre del homenaje del castillo, para lo cual se recurrió a la grasa de 40 cerdos. Curioso, pero totalmente cierto. El 25 de noviembre de 1215, el rey Juan envió un mensaje a sus prebostes para que le fueran enviados 40 gorrinos bien gordos, tanto para alimentar a su gente como para, con su grasa, hacer arder el entibado de la mina con más fuerza. 

Las diferentes fases del asedio están bastante bien reflejadas. El asalto, el intento por parte de los asaltantes de abrir las puertas, las crudelísimas escenas de combate sin piedad, la resistencia a ultranza dentro de la torre hasta que esta cae por efecto del minado... en definitiva, si alguien quiere tener una idea clara de como era este tipo de combates, en esa película podrá ilustrarse largo y tendido. 

Las incorrecciones: 

La Orden del Temple no intervino en la revuelta de los barones. Al inicio de la trama, como supongo que tenían que buscarle "sitio" al protagonista, los incluyen en las tropas de los veinticinco barones que obligaron al rey Juan a firmar la Carta Magna. De hecho, la controvertida orden estaba muy vinculada con la corona, especialmente con el hermano y antecesor de Juan I, Ricardo Corazón de León. 

El ejército del rey Juan aparece como una mesnada de daneses a sueldo. Que yo sepa, el asedio se llevó a cabo con tropas regias. 

La guarnición es de apenas 20 hombres. Nada de eso, eran alrededor de un centenar. 

El ejército del rey se retira con la aparición de una hueste procedente de Francia. Falso, el castillo se rindió por hambre tras siete semanas de duro asedio. El edificio quedó bastante averiado tras el cerco (a Enrique III, hijo y sucesor de Juan I, le costó 1.000 libras esterlinas repararlo, una fortuna en aquella época), por lo que pudo ser ocupado sin más cuando, un año más tarde, sí hizo aparición un ejército al mando del delfín de Francia. 

William de Albany, comandante de la guarnición, muere tras serle cortados pies y manos y lanzado luego contra la muralla con un fundíbulo (véase Guerra Psicológica). Falso. William d'Aubigny,o D'Aubeney, o d'Albini, lord de Belvoir, fue apresado tras el cerco. Estuvo a punto de ser ahorcado, pero uno de los comandantes del ejército del rey Juan lo convenció para que no lo matara. Tras la muerte del rey fue rehabilitado y murió 20 años más tarde, el 1 de mayo de 1236. 

Reginald de Cornhill, condestable de Rochester, se suicida antes de terminar el cerco. No tengo constancia de su final. Cornhill no era un noble, sino un mero funcionario que había ostentado anteriormente el cargo de sheriff en Kent y Surrey. En la época en que transcurre la película era, como digo, condestable de Rochester, castillo este cuya tenencia ostentaba el arzobispo de Canterbury, Stephen Langton. 

Thomas Marshall, el templario protagonista que, encima, se lía con la mujer de Cornhill, la cual no se llamaba Isabella como aparece en la película, sino Maud. Este personaje, como ya se puede suponer, es ficticio. Está de moda meter un templario hasta en la sopa, y más si es un templario que renuncia a sus votos para enredarse con una chica mona. No fue, junto al supuesto escudero de lord Belvoir, los únicos que quedaron vivos. No se conoce exactamente cuantos miembros de la guarnición sobrevivieron, pero sí se sabe que la intención del rey Juan fue ahorcarlos a todos como escarmiento, cosa que le quitó de la cabeza Savaury de Mauléon, vizconde de Thouars, un gabacho al servicio de la corona inglesa. Por otro lado, al final de la película el arzobispo "libera" de sus votos a nuestro hombre para que pudiera liarse con la viuda de Cornhill. Eso es una chorrada monumental ya que los templarios, como cualquier otro miembro de una orden militar, solo podía largarse dando cuenta a su maestre, no a un clérigo normal y corriente por muy obispo que fuera.

El armamento que aparece es bastante fiel a la época. Solo el mandoble que esgrime el templario está fuera de contexto. Ese tipo de espadas aún no se habían creado en el siglo XIII. Eso sí, mola mogollón. 

Daneses pintados de azul. Que yo sepa, esta costumbre era propia de los pueblos celtas. Los daneses no de pintaban de ningún color. Si alguien sabe algo al respecto, que lo diga. 

Bueno, amantes de las batallitas, no se la pierdan. Ahí dejo una imagen del castillo de Rochester, el que aparece en la peli.

Hale, he dicho




martes, 3 de abril de 2018

Cine histórico: BRAVEHEART

¡Aleluya, aleluya, hijos míos! ¡Han aparecido! Como ya he comentado más de una vez, las entradas que hace años se publicaron sobre la infamante tergiversación y la interminable lista de anacronismos y errores de todo tipo que se ven en las películas "históricas" habían desaparecido del blog. Bueno, pues las he encontrado en las procelosas profundidades de un disco externo, así que las republico porque, francamente, creo que merecen la pena, entre otras cosas porque son una preclara muestra de los vapuleos a los que los directores y guionistas someten a la verdadera historia. Aparte de eso, y siempre velando por la supremacía cultural sobre la familia política de mis queridos lectores, les vendrán de muerte para rescatar el viejo CD y ver de nuevo la peli en cuestión en compañía de ese odioso cuñado que en su momento nos dio una murga tremenda acerca de las excelencias del producto. Bueno, ahí va una de las primeras que se publicaron, nada menos que en agosto de 2011, por lo que podemos decir que es cuasi una pieza de museo. Carajo, casi siete años ya... Me desmorona ver como pasa el tiempo, el más cruel e inexorable enemigo del hombre, juro a Cristo. Bueno, no me enrollo más. Añadir solo que, lógicamente, ya iré publicando las restantes. Bueno, no me enrollo más. Al grano...

"Su pasión cautivó a una mujer", dicen en el póster de la película. Si se refiere
a Isabel de Francia, me temo que Wallace fue un pederasta de cuidado, como
a continuación veremos


Esta aclamada cinta, que ganó cinco Oscars incluido el de Mejor Película, se preocupó más de la ambientación que del rigor histórico. En lo referente a lo primero, las cosas como son, se lucieron a base de bien salvo algunas chorraditas. El armamento y los despliegues de masas son bastante convincentes, así como las sangrientas escenas de lucha que, como es lógico, son más fieles a la realidad que otras en las que la gente cae como moscas sin que se vea una gota de sangre. Sin embargo, en el rigor de la historia tal como fue se buscó, como está mandado, el tema mercantilista. Y no sé por qué, ya que el personaje y su época da de sobra para una película épica sin necesidad de meter gazapos absurdos. Pero, como siempre, el poderoso caballero que es Don Dinero corta el bacalao y, además, a los yankees les debe privar eso de manipular la historia para que aparezca tal como a ellos les hubiera gustado que fuera, en vez de mostrarla como fue en realidad. Bueno, al tema...

William Wallace

Estatua de William Wallace en Aberdeen. Ese sería su aspecto real, muy
alejado del heroico andrajoso que aparece en la película
En realidad, se sabe muy poco sobre la vida de este personaje antes de su aparición en escena a raíz de los intentos por parte de los escoceses de mandar a su casa a los ingleses. Escocia había sido un reino independiente que Inglaterra deseó anexionarse constantemente, cosa que también ocurrió con Gales e Irlanda. En cualquier caso, sí es cierto que Wallace, posiblemente perteneciente a la baja nobleza escocesa y hombre con seguridad dotado de gran carisma y habilidad innata como estratega, le dio bastante guerra a Eduardo I de Inglaterra. Al parecer, fue educado en un monasterio, lo que le permitió tener un nivel cultural superior a los hombres de su tiempo. No se conoce con certeza su fecha de nacimiento, pero en la batalla de Stirling Bridge (1297) (la primera que aparece en la cinta), debía tener menos de 30 años. Por cierto que el parecido de la batalla real con el que nos muestra la película es pura coincidencia, lo que por otro lado tampoco debe sorprendernos.

Batalla del puente de Stirling, librada el 11 de septiembre de 1297
Su rebelión comenzó, tal como aparece en la película, con el asesinato del sheriff de Lanark, William Heselrig, en 1297. Las causas que le llevaron a cometer tales actos no tuvieron nada que ver con la muerte de su amada Murron, personaje ficticio sin nada que ver con la realidad. Al parecer, Wallace mantuvo un altercado con el sheriff, quizás por el despotismo que los ingleses solían mostrar contra los lugareños, y en respuesta al mismo Wallace reunió a varios de los suyos y acabó con la vida de Heselrig. Tras su captura, fue ejecutado en agosto de 1305 tal como vemos en la cinta, siguiendo la norma que se seguía con los reos de alta traición y que era un verdadero alarde del sadismo más rebuscado: colgado del cuello sin que se le rompiera el cuello para prolongar la asfixia, castrado, destripado y, finalmente, decapitado. Luego, su cuerpo fue cuarteado y cada trozo enviado a los diferentes lugares en que intervino. Su cabeza fue expuesta en el puente de Londres, clavada en una pica, como escarmiento.

Eduardo I de Inglaterra, conocido como Longshanks 


En la época de la acción de la película contaba con 58 años. Su reinado fue bastante turbulento, viéndose comprometido en constantes problemas de tipo político y militar, a pesar de lo cual incluso tuvo tiempo de irse a las Cruzadas en 1268 aún teniendo el tesoro regio con telarañas. No murió, como aparece en la peli, justo cuando ejecutaban a Wallace (eso de palmar a dúo ambos enemigos queda molón, pero es falso). De hecho, sobrevivió al escocés algo más de dos años, falleciendo de disentería en julio de 1307 (contaba 68 años de edad, lo que no está nada mal para la época) mientras andaba a la gresca con Robert Bruce, al que no pudo meter en cintura a pesar de su empeño.




Eduardo, príncipe de Gales y luego Eduardo II de Inglaterra 

Este personaje, único varón superviviente de la extensa progenie de Eduardo I, aparece perfectamente reflejado en la película. Era homosexual hasta la médula, hasta el extremo de hacer valido suyo, cuando alcanzó la corona, a su amante Hugo Le Despenser, el cual hizo y deshizo a su antojo y favoreció a los suyos como quiso con el beneplácito de su amante y rey. Sin embargo, el guionista se debió dejar el libro de historia junto al inodoro el día que escribió la trama, porque Eduardo no se casó hasta enero de 1308, o sea, nada menos que tres años después de la muerte de Wallace, cuando contaba con 22 años y su mujer apenas 16. Por otro lado, en la época de la acción era un chaval de apenas 14 años, de modo que poco pudo intervenir en cuestiones militares, como cuando dice a su padre que ha enviado tropas en auxilio de York, cercado por Wallace. Derrocado por su mujer, Isabel de Francia, con el apoyo de la nobleza en enero de 1326, fue encerrado en el castillo de Berkeley y asesinado en septiembre del año siguiente. Al parecer, para no dejar rastro del regicidio y achacar su muerte a causas naturales, ya que los venenos al uso en la época dejaban al occiso con muy mal aspecto, sus carceleros, Thomas de Gournay y John, barón de Maltravers, en un alarde de sádico ingenio, le introdujeron por el recto un cuerno de cabra previamente enderezado mediante la aplicación de calor para luego, a través del cuerno, meterle en el cuerpo un hierro candente. Así no dejaron huella, al menos externa, del crimen.

Isabel de Francia, mujer de Eduardo II 

En realidad, su presencia en la película no tiene sentido ya que, como he dicho, su boda con Eduardo no tuvo lugar hasta tres años después de la muerte de Wallace. Debido a la homosexualidad de su marido, que solo se molestó en engendrarle tres hijos para cumplir con sus obligaciones a la corona, se convirtió en amante de Roger Mortimer, VIII barón de Wigmore y cerebro del derrocamiento de Eduardo II. Por sus alevosías y su ambición fue apodada como la "Loba de Francia", motivo este por el que en el retrato que aparece a la derecha vemos que sus manos son mostradas como zarpas caninas. Pero, temas conspiratorios aparte, en la época de la acción Isabel apenas tenía 5 añitos, por lo que difícilmente pudo ponerle los cuernos a su marido con el aguerrido Wallace o ser enviada como emisaria del rey para establecer una tregua. 

Robert Bruce padre, VI Lord de Annandale 

El taimado, maquiavélico y astuto leproso que aparece en la película, aunque durante mucho tiempo envuelto en las constantes luchas por el poder en Escocia, acabó sus días en Palestina, en 1304. O sea, que poco pudo influir en la decisión de vender a Wallace al enemigo ya que éste fue capturado un año después. Cuando la batalla de Stirling Bridge contaba con 54 años, pero eso de la lepra lo tenía un poco deteriorado al hombre. A la derecha podemos ver una recreación basada sobre su cráneo. No debía ser especialmente gratificante compartir en su compañía un plato de callos o cualquier otra delicia procedente de la casquería de animalitos vacunos o porcinos, las cosas como son... No obstante, el tema de la lepra aún es tema de debate y no se puede afirmar con rotundidad que la padeciera.

Robert Bruce hijo 

Logró la corona de Escocia en 1306, pero su verdadera preocupación, más que Eduardo I, fue el otro aspirante al trono, John Comyn, señor de Badenoch y aspirante, al igual que Bruce, al trono escocés. Bruce acabó con su competidor de una forma muy práctica y adecuada para que no le diera más quebraderos de cabeza: lo apuñaló durante una reunión en la iglesia de Greyfriars, en Dumfries, en febrero de 1306. En la época de la acción contaba con 23 años de edad.

Y la estrella principal: el mandoble de Wallace 

El cual es totalmente anacrónico (véase la entrada sobre el mandoble o montante). Wallace usaría una espada similar a las de sus enemigos (véanse las dos entradas sobre La espada del Milenio). Se debieron inspirar en el ejemplar que vemos a la derecha, conservado en el Wallace National Monument de Stirling. Este armatoste de nada menos de 167 cm. de largo- no creo que Wallace fuese mucho más alto- sería un caso similar a los de la Tizona y la Colada, espadas atribuidas a un determinado personaje pero que en modo alguno corresponden al mismo. En este caso parece que se trataría de una hoja obtenida de tres ejemplares unidos mediante forja, siendo una de ellas de un tipo datado hacia finales del siglo XIII lo que ha hecho que algunos crean que, en cierto modo, no toda pero sí parte de la espada fue la de Wallace. En todo caso, ya en el siglo XVI era atribuida a nuestro hombre. Eso sí, la de "espadas de Braveheart" que han vendido los fabricantes de réplicas ha sido algo tremendo gracias a la peli. Así mismo, su indumentaria de combate sería más bien la de los hombres de armas de la época, y no con faldas, con la jeta pintada de azul y totalmente desprotegido. Ah, y lo de las estacas afiladas para detener la carga de caballería, me lo sustituyan por simples lanzas. En efecto, usaron esa táctica para defenderse de los caballos ingleses, pero eso estaba inventado hacía siglos. O sea, que no fue una genial idea de Wallace. 

Bueno, con esto creo que queda aclarado lo principal de la película. Para mi gusto, es demasiado larga y, aparte de los flagrantes errores históricos, sobran tantas escenas amorosas en bosques de ensueño con música de gaitas de fondo. Pero, en fin, como eso vende, hay que tragar. Sea como fuere, la película vale para echar una tarde devorando apaciblemente una arroba o dos de palomitas.

Hale, he dicho

¡Al ataquerrrrllllll!